Neuschwanstein, Strausburg y Obernai

Hora de continuar con el viaje por Europa:

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Salimos de Salzburg (Austria) tempranito para hacer una pequeña parada en el castillo Neuschwanstein en el sur de Alemania. El castillo de Neuschwanstein es el castillo en el que Walt Disney se inspiró para la película de La Bella Durmiente y la Cenicienta. El castillo de Magic Kingdom también está inspirado en el castillo de Neuschwanstein.

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El rey que mandó a construir el castillo, ¡solo vivió en él menos de 100 días! Al pobre lo mataron antes de terminar de construirlo. Desgraciadamente, el segundo piso del castillo sigue sin terminar.
El castillo está en la cima de una montaña. Para subir cogimos una guagua que nos llevó hasta arriba (uff, gracias a Dios). El castillo es del siglo 19 y por dentro, cada cuarto está inspirado en historias y leyendas diferentes. El cuarto del rey está inspirado en la historia de Tristán e Isolda. Cada pared tiene escenas diferentes de la leyenda.

Después de ver el castillo nos dirigimos a ¡Francia! Les digo que llegar a Francia fue toda una aventura: Primero; nos perdimos. No fue una pequeña perdida, no…fue una perdida de tres horas. El GPS se volvió loco y nos metía por carreteras de campo, curvas, cuestas y redondeles. Se ponía a decir “recalculating” una y otra vez y a cada rato cambiaba la hora de llegada. A mi no me importaban las curvas y las cuestas, pero el chico que estába guiando estába asustao’.  (Al parecer en Estados Unidos no hay muchos redondeles, porque en el carro ya estában mareados. Yo ya me curé de eso gracias a O’neil.)

Estábamos cansados con los pies entumecidos y pensábamos que estábamos dando vueltas por Alemania. De repente oímos un programa en el radio en el que hablaban en francés. Ahí fue que vimos la luz (casi), al fín habíamos llegado a Francia (ahora el GPS nos decía que en una hora ibamos a llegar a nuestro destino).

Lo que pasó a continuación no fue nuestra culpa: Yo estaba media dormida en el asiento del medio en la parte de atrás del carro. Tenía a Gaby y a Alessia a ambos lados, y alfrente estaba Tyler y Cándido guiando. De repente oimos un ¡búm! y cuando abro los ojos veo una cosa borrosa que sale volando. Tyler grita algo y yo entiendo “le dimos a un perro” (obviamente lo dijo en inglés). Yo grito: ¿Qué? ¿A un perro? Y ella dice: “¡Dios mio sí!. Yo ya iba casi a llorar cuando ella dice: “¡No puedo creer que se quedara ahí parado! ¿por qué no voló?” Y yo pensé “¿volar?, dame un break, ¿a qué le dimos? y Tyler dijo: “a un pato”. Es que en inglés duck y dog se parecen, okay… De repente no me sentí tan mal…perdón por el pato, pero prefiero que haya sido un pato y no un perro. (Sorry pato). Ese incidente nos despertó y nos estuvimos riendo/llorando durante el viaje hasta llegar a la casa de la amiga de Tyler, en donde nos ibamos a quedar.

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Al otro día nos levantamos tarde. Mereciamos un descanso después del viaje del día anterior y de las madrugadas de los últimos días. 
Cuando llegamos les juro que casi beso la carretera. Tenía las piernas adormecidas de tantas horas de estar sentada. Cuando llegamos a la casa de Melissa (la amiga de Tyler) ella nos recibió muy cariñosa, nos enseñó en donde ibamos a dormir, y caímos como panas en la cama.

Cuando despertamos Melissa nos llevó a un restaurante en un pueblito en la frontera entre Francia y Alemania. El pueblito se llama Obernai y estuvimos ahí casi toda la tarde. Hacía un buen día, caminamos por las callecitas y visitamos la iglesia del pueblo.

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Terminamos de comer y nos fuimos corriendo al carro (por culpa del frio). Ya calientitos dentro del carro nos preparamos para el viaje a la ciudad de las luces. Al otro día nos levantamos temprano porque Melissa tenía que ir a trabajar, y nosotros queríamos ir al centro de Strausburg antes de irnos. Alessia y Tyler querían ver el parlamento europeo que está en esa ciudad. Cuando llegamos a Strausburg hacía mucho viento y frio. Fuimos al parlamento (que es un edificio nuevo de cristal y para nada imprecionante). Después fuimos a buscar comida. Entramos a un café y comí mi primer desayuno francés; Un pan con chocolate, un crossaint, yogur, jugo de china y un chocolate caliente; Uno de los mejores desayunos que he comido.

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