Oslo, Noruega

Como cuando llegué a Islandia no tenía el permiso de estudiante, tuve que esperar casi un mes para que llegaran los papeles que necesitaba y me dieran el permiso. Según la ley de Islandia, la persona no puede estar en la isla mientras se trasmite el permiso. Como yo estaba ya viviendo y estudiando y tenía todo menos el permiso, tuve que hacer un viaje obligado fuera del país. El vuelo más barato era hacia Oslo, la capital y ciudad más poblada de Noruega.

Llegué a Oslo como a las 5:00 de la tarde. Estaba lloviendo y estaba oscureciendo. Tuve que coger un tren desde el aeropuerto hasta la Estación Central de trenes. El hostal estaba a 6 calles de la estación, pero estaba lloviendo, estaba oscuro (ya eran las 6:00pm) y como era domingo, todo estaba cerrado y solitario. No era la primera vez que viajaba sola a otro país, pero siempre entran los nervios y la mente empieza a dar vueltas y a pensar: “Dios mio estoy en otro país, no conozco a nadie, esto está vacío y oscuro, ¿dónde rayos está el hostal?” Por culpa de los nervios le pasé por el lado al hostal como tres veces. Sabía que esa era la calle, ¡pero no encontraba el edificio! Después saqué el mapa (el mapa que es como una alarma que grita: “¡Mirenme soy turista!”) y encontré el edificio. Entré, me registré y subí a mi cuarto.

Escaleras para subir al cuarto del hostal.

El cuarto era cómodo, se veía limpio y estaba vacío, ¡yes! Había dos literas, cuatro camas en total. A mi me tocó la cama de arriba. Sabía que habían dos personas más en el cuarto porque tenían sus cosas encima de sus camas. Preparé mi cama, me cambié y me puse a leer. Había empezado a leer en el avión The Rosie Project de Graeme C. Simsion. Leí hasta que mi cuerpo no pudo más y me dormí.

Al otro día conocí a mis dos roommates. Fay, una chica de Irlanda y una señora de Noruega que olvidé su nombre. Fay también andaba sola y me propuso acompañarme al museo de barcos Vikingos y después que yo la acompañara al jardín botánico. Le dije que sí.

Tuvimos que coger una guagua para llegar al museo.

El museo me encantó. No es lo mismo ver barcos Vikingos en fotos, que verlos en la vida real. Son enormes y hermosos, muchos tienen diferentes diseños en la madera y se nota que fueron hechos con mucho cuidado para que fueran veloces y duraran años. Hay tres barcos diferentes en la excibición, y los tres se encontraron enterrados en diferentes partes de Noruega. Estaban enterrados porque eran tumbas de vikingos ricos. Como los egipcios que enterraban a sus muertos con tesoros y animales, estas tumbas/barcos estaban llenas de tesoros, comidas y animales.

Después del museo fuimos a los jardines. Para llegar al Jardín Botánico tuvimos que volver en guagua al centro, y después coger el tram. Como yo no tenía el boleto del tram, fui donde el chofer para pagar por mi boleto. Cuando le pregunté cuánto costaba, el buen señor me dijo que no me preocupara. Que era muy caro, que me sentara y que disfrutara de Oslo. ¡Pues muchas gracias a ese amable conductor!  Me ahorré 50 kronas noruegas ($8.41), que la verdad está carito para un simple viaje por tram.

En los jardines también están el Museo de Hitoria Natural y The Munch Museum. Ambos estaban cerrados ese día, así que fuimos al jardín y me trasnporté al cima tropical. Se me empañaron los espejuelos, y hasta el lente de la cámara. Vi muchos frutos y árboles conocidos, como una mata de guineo, una de papaya (tenía papayitas), de café, orquídeas y rosas.

Después Fay tenía que irse, pues era su último día en Noruega y tenía que coger su avión para regresar a Irlanda. Nos despedimos, nos hicimos amigas en facebook y me dió su boleto de tram para que me fuera por ahí y disfrutara lo que quedaba de día. Después que se fue, seguí en tram hasta la Biblioteca Nacional. ¡Tenía que ir a la biblioteca! Lamentablemente no pude llegar más allá del salón principal y no pude ver las filas de libros, así que me fui.

Después pasé por el Palacio Real, y como en invierno la familia real está en casa, no hay tours disponibles, pero puedes pasearte por los jardines (aunque en esta época del año los jardines estan cubiertos de nieve).                                           Terminé el día paseando por la ciudad. Fui a la calle principal, que está justo delante del palacio. Ahí estan las tiendas de marcas y los mejores restaurantes.

También pasé por el Centro Nobel de la Paz. Tienen una exposición de fotos, películas e información de todos los ganadores de los premios Nobels. Cuando fui ya estaba cerrado. (Al parecer, el lunes no es un buen día para visitar museos en los países Escandivanos)

La verdad es que Oslo tiene muchas cosas que ofrecer. Hay muchos lugares de interés para visitar, la ciudad es hermosa y la gente es amable. El sistema de transportación te lleva a muchos lugares y es puntual. También hubiera sido buena idea viajar a las afueras de la ciudad y conocer los pueblos cercanos.  Definitivamente un día no es suficiente para descubrir esta ciudad.

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